Los santos quedaron sin argumentos.
Este príncipe era alguien así.
Nunca había hecho nada que no pudiera hacer y nunca había amado a nadie que no lo hiciera. Era el sendero recto de la humanidad, el centro del mundo.
Entonces, aunque los santos pensaban: "¡Qué ignorancia!",
no podían decir mucho más. El príncipe no escucharía de todos modos.
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El segundo cuento se produjo en la Roca Heróica.
En el Reino de Divine Melodía, había un dios de salvación que se enfrentaba a un demonio, encontrando así a dioses y demonios juntos.
Cuando era joven, este príncipe tenía la intención de salvar al mundo.
El dios del cielo con sus poderes milenarios no osaba pronunciar esas palabras todo el tiempo. Al escuchar esto, se sintió desanimado. Pero no podía hacer nada más que asentir y decir: "No podrás salvar a todos."
El príncipe respondió: "Puedo."
Y así, sin titubear, bajó al mundo.
La gente del Reino de Divine Melodía celebraba su partida con júbilo.
Sin embargo, las historias populares de los tiempos antiguos habían enseñado una verdad:
Un dios que se aventura al mundo tiene malas consecuencias.
No solo no se apagaron las guerras, sino que se intensificaron aún más.
Aunque el príncipe había intentado con todas sus fuerzas, su esfuerzo era en vano. Cada vez que se esforzaba más, la situación se empeoraba. Los ciudadanos del Reino de Divine Melodía murieron una y otra vez, y finalmente, una plaga devastó todo el reino.
Si antes el reino aún se mantenía con vida, ahora simplemente había muerto.
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Después de que el reino fue destruido, la gente finalmente descubrió algo:
El príncipe divino que adoraban no era tan perfecto como pensaban.
En realidad, solo era un fracasado que arruinaba todo lo que tocaba.
La tristeza y el dolor de perder su hogar y familia se agudizaron y la gente furiosa entró en el templo del príncipe. Destruyeron las imágenes sagradas e incendiaron los templos.
Se llevaron a cabo siete días y siete noches de llamas, que devoraron todos los templos.
Desde entonces, un dios de salvación que protegía la paz se desapareció, mientras que un dios portador de calamidades apareció.
La gente decía: "Si eres un dios, serás un dios. Si eres una mierda, serás una mierda. Eres lo que dicen."
Y así fue.
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El príncipe no podía aceptar esta realidad.
Lo que no podía aceptar más era la pena que le estaba reservada: el exilio.
Su poder fue confiscado y fue enviudó al mundo humano.
Pero para él, crecido en una vida llena de lujos e indiferencia, este castigo equivalía a caer desde lo alto hasta la suciedad.
En ese charco de mierda, experimentó por primera vez hambre, pobreza y suciedad. También hizo cosas que nunca había imaginado hacer: robar, asaltar, insultar y perder la esperanza.
La humillación fue tremenda. Su orgullo se desvaneció. Incluso sus más fieles sirvientes no pudieron soportar verlo así, eligiendo marcharse.
"Salvación en el infierno, paz en el paraíso." Ese lema estaba grabado en las piedras de Divine Melodía, pero si no se hubieran quemado durante la guerra, el príncipe probablemente los derribaría por ser falsos.