Tancarraz había filmado muchas películas y jugado innumerables roles. Había sido una danzarina seductora, un caballero valiente, una madre amorosa, e incluso una niña enamorada que no podía librarse de su amor.
Cada personaje era diferente, al igual que cada vida humana.
Cuando Tancarraz ingresó a la industria del entretenimiento, una vez tuvo un accidente. Mientras rodaba una escena en la que se montaba a caballo, cayó al suelo accidentalmente. Esa vez se lastimó gravemente y estuvo a punto de perder la vida. Sus amigas íntimas le regañaron en el hospital por no valerse de un doble en una escena tan peligrosa.
Tancarraz respondió con una sonrisa: "Mi vida no vale tanto". Aquella Tancarraz era joven y atrevida, sin temor a la muerte. Creía que así seguiría por siempre, hasta el día en que participó en un programa de entrevistas. Cuando salió del camerino, encontró un pasillo que se había convertido en once puertas metálicas idénticas, heladas y frías.
La vista de esto estancó la sonrisa de Tancarraz. Su primera reacción fue que este era probablemente un programa preparado para hacerla reír. Sin embargo, su inquietud no se apagó hasta que abrió una puerta.
Una vez que la puerta se abrió, apareció en un lugar extraño, rodeado de campos desiertos y una antigua fortaleza oscura y amenazante.
Tancarraz caminó por el sendero. Frente a la fortaleza, vio a varios desconocidos discutiendo suavemente. No prestaron atención a su presencia más que unos instantes.
"¿Dónde estamos?", preguntó Tancarraz.
Nadie respondió.
"Tendremos que filmar algo aquí, ¿verdad?", una sensación de maldad invadió el corazón de Tancarraz. Sin embargo, cuando vio a alguien que burlándose del programa, respondió: "¿Programa? ¿Has visto un programa tan realista?".
Tancarraz calló en silencio.
Aunque esperaba que solo fuera una mala broma realista, su deseo se rompió al ver la primera muerte. El cadáver estaba destrozado, con heridas por todas partes y su sangre había sido absorbida hasta el límite. Era realmente un espectáculo de muerte.
Al mirar ese cadáver, Tancarraz quedó paralizada en su lugar. Comprendió claramente que no era una broma ni un juego real; aquí, la muerte era real.
La primera puerta para Tancarraz no fue muy difícil, tuvo suerte y sobrevivió. Pero cuando regresó al mundo, se descompuso emocionalmente, asustando a su ayudante.
"¿Tancarraz, estás bien?", preguntó el ayudante con preocupación.
"¿Dónde estabas en ese momento?!", Tancarraz respondió enfurecida. "¿Por qué no me ayudas?".
El ayudante la miró confundido: "¿Dónde... donde estoy yo? No estuve lejos, siempre estuve aquí".
Tancarraz quedó perpleja. "Estuve aquí todo el tiempo?"
"Si", respondió el ayudante, "estabas sentada pensando en tus problemas...".
Tancarraz se quedó helada y comprendió parcialmente lo que estaba pasando. Sin embargo, antes de poder comprenderlo más, fue arrastrada al escenario para una entrevista.
En el escenario, Tancarraz parecía distraída y respondía vagamente a las preguntas del presentador. Este último se extrañó, pero antes de que pudiera preguntar, un grito de pánico llenó la sala. Alzando la vista, vio una sombra negra aplastando hacia abajo con el gran chandelier.
Tancarraz estaba sentada junto al presentador cuando este se convirtió en un cuerpo destrozado a sus pies. Tancarraz permaneció inmóvil y aturdida ante tal escena.
Tancarraz sobrevivió a ese accidente milagrosamente, pero sabía que el chandelier había rozado su piel sin causarle daño alguno.
Este incidente dejó a Tancarraz muy traumatizada y tuvo que descansar por un tiempo.