¡Vaya!
El viento enloquecido y la lluvia torrencial soplaban a través del velero de tres mástiles, haciendo que este subiera y bajaran entre olas como si fueran montañas, como si un gigante los lanzara y atrapara.
En los ojos de Arleigh Wilson desapareció el rojo oscuro; se dio cuenta de que seguía en cubierta, sin ninguna diferencia respecto a antes.
A continuación, vio que la extraña botella de vidrio que sostenía comenzó a crujir y se rompió. El hielo y la nieve se derritieron, disolviéndose en las gotas de lluvia.
En apenas unos segundos, el antiguo objeto mágico había perdido por completo toda huella de su existencia anterior.
Una pequeña flor de nieve hexagonal apareció en la palma de Arleigh, luego se desvaneció gradualmente hasta que ya no quedaba nada.
¡No puedo creerlo! ¡Todo ha desaparecido!
¿Qué significa esto? ¿Esto cambia todo?
El sonido de los motores lejos, el rugir del vapor, y la vibración de las hélices finalmente lo sacaron de sus pensamientos.
Miró hacia la orilla donde se agrupaban los nobles y dignatarios. Una embarcación aérea se acercaba con majestuosidad.
¡Es un barco blindado! Un barco con enormes turbinas, cañones y armas de fuego en las partes inferiores. El sonido de los motores e incluso el rugido del vapor resonaban en el aire.
El primer almirante anunció:
—Este es un barco blindado; un barco que puede cambiar la historia. Tiene 101 metros de eslora, 21 de manga y está diseñado para aguas seca. Su casco principal mide 457 milímetros de grosor. Su desplazamiento es de 10,060 toneladas.
Tiene cuatro cañones principales de 305 milímetros, seis cañones rápidos, doce cañones de 6 libras y ocho cañonetas. Tiene cuatro lanzacohetes y puede alcanzar una velocidad máxima de 16 nudos!
¡Va a ser el verdadero señor! ¡Conquistará las aguas!
El espectáculo causó un revuelo entre los nobles, ministros y representantes del parlamento. Solo con la descripción del primer almirante podían imaginar la magnitud de este barco blindado.
Arleigh Wilson observaba a los dos caballeros armados que parecían estatuas junto al rey. En una era dominada por la hierro, el vapor y las balas, ¡había gente que aún vestía armaduras completas!
La luz fría del metal y las sombrías capuchas daban a sus cuerpos un aspecto serio e imponente.
¿Podría ser uno de los caballeros de castigo? ¿Será que jamás podrán construir algo así?
Con la llegada de la familia real, el acto finalmente comenzó. El lord ministro Agustín Niggen hablaba con voz firme: