"Vamos allá," Klein quería saltar con su lámpara, pero su espiritualidad seca lo detuvo, así que solo siguió a Armonio, caminando lentamente.
En el camino, Klein, buscando entender más, preguntó:
"¿Por qué no robar la distancia para llegar directo al destino?"
Armonio movió la cabeza hacia un lado y le miró con su ojo de cristal. Se encogió de hombros y sonrió:
"No es para descansar."
Klein cerró la boca, siguiendo en silencio.
Después de varias decenas de rayos de luz, Armonio indicó hacia una dirección diagonal adelante:
"Ya llegamos."
Alrededor de cien metros más allá, en las sombras de una colina, había ruinas que parecían partes de torres altas. En el suelo había varios columnas enormes y sólidas, apenas del tamaño de las rodillas de Klein, con hierbas descoloridas creciendo entre ellas.
"¿Había personas viviendo aquí?" Klein se rascó la frente y preguntó.
Armonio apoyó su dedo índice en el borde de sus gafas simples y sonrió:
"Esta era una gran ciudad antes, pero durante el Gran Desastre, la tierra se abrió y la ciudad entera fue devorada, quedando solo estas ruinas."
La destrucción de la civilización... los pensamientos de Klein se agitaron. Aceleró su paso para llegar a la destino.
Entró en una estructura caída y con un vistazo alrededor, observó el lugar. Las paredes rotas mostraban pinturas antigua desvanecidas por los siglos.
Klein respiro hondo, dejando caer la lámpara de cuero y apoyándose contra una columna grande. Creó mentalmente esferas luminosas que se superponían.
No le importaba el peligro de dormir en un lugar tan abandonado.
¡Que venga la tormenta! Pensó Klein antes de quedarse dormido.
Armonio, vestido con un traje de mago clásico, lo observó y luego se sentó a su lado. Con una palmada del dedo, hizo que las llamas de la lámpara de cuero pararan de disminuir.
La luz débil parecía recuperar fuerzas, como si pudiera soportar varias horas o días más.
"¿Ya has decidido?" preguntó Armonio con una sonrisa. "Cuando quieres empezar?"
Klein lo miró y notó que Armonio actuaba como un compañero en lugar de su objetivo.
Tras unos momentos, Klein abrió los ojos:
"Sí, ya estoy listo. ¿Cuándo comenzamos?"
Armonio asintió con una sonrisa:
"Entonces, ¡empecemos!"
Klein, recordando todo lo que había pasado y las estrategias que había ideado, suspiró profundamente. Estaba preparado para enfrentar cualquier situación.
"Estaré listo cuando mi cuerpo esté ajustado," dijo Klein despertándose de nuevo.
Armonio, con su sombrero puntiagudo, le miró sonriente:
"¿Ya has decidido? ¿Cuándo quieres empezar?"
Klein comprendió que Armonio no era un enemigo, sino más bien un socio, aunque su objetivo final parecía ser el mismo.
Así, Klein y Armonio entraron en la oscuridad, preparados para lo que viniera.