Capítulo 1: El Nuevo Juego del Puño y Pie
El Fish Dragon Gang en el norte de la fría y despiadada ciudad de Beiping solo era un grupo pequeño y modesto entre los cientos que existían. Sin embargo, el anciano jefe del Fish Dragon Gang, Liu Laoban, gozaba de gran renombre; experto tanto en técnicas externas como internas de artes marciales. Se decía que en su juventud había sido afortunado al conocer a un maestro de alta rango del Monte Wudang, quien le enseñó una profunda técnica de fuerza interior. Con treinta años de práctica constante y la herencia de las antiguas técnicas de kung fu de su familia, Liu Laoban había logrado vencer a muchos bandidos temibles. Sin embargo, debido a su carácter obstinado y el orgullo que le impedía tratar con los oficiales locales, en el apogeo de su poder, fue incapaz de mantener contactos con ellos para obtener beneficios comerciales. En aquellos días, aún joven pero no tan vigoroso, Liu Laoban había podido mantenerse en pie por sus propias fuerzas y las de algunos compañeros leales. Pero con los años, conforme sus compañeros se retiraban uno a uno para vivir tranquilos con su familia, el Fish Dragon Gang quedó sin el respaldo que necesitaba para competir en la ciudad repleta de bandas.
Su próximo viaje los llevaría al Fortaleza de Lijia en las tierras fronterizas del Imperio del Norte. Este viaje era a favor de un joven noble de la ciudad de Lingzhou, hijo de un antiguo oficial militar de cuarta rango y descendiente de una linaje de guerreros. Su misión era transportar telas y productos valiosos desde el sur hasta las tierras hostiles del Norte, donde los beneficios eran enormes. Sin embargo, no todos osaban desafiar a las autoridades imperiales. Cada año, cientos de vidas se perdían en las fronteras debido a la guerra civil y los conflictos entre las dos potencias.
Llegando al umbral del territorio del Norte, Liu Laoban decidió que su hija, Liu Nerong, debía estar presente para este viaje. La joven, con un semblante severo, montaba en una cabalgadura ligeramente más pequeña que la de su padre, sujetando una daga antigua en la cintura. Su belleza era atractiva pero no se dejaba domar por su manto de valentía.
—Papá —susurró Liu Nerong—, pasada la aduana nos encontraremos con el territorio del Norte.
Liu Laoban sonrió bondadosamente mientras le acariciaba la espalda a la cabalgadura.
—Hija mía, esta es mi única visita al Norte de las Estrellas. No puedo decirte nada honroso sobre mis viajes allá. Pero tienes que recordar lo que ha hecho por nosotras el viejo Gran Visita, Gongsun Yang.