Blanco Xiaoqin realmente estaba loco de alegría. Mirando la silueta de Zhou Yixing, incluso sentía que era como si hubiera encontrado a un viejo amigo. Tenía que admitir que en todo ese camino no había visto ni una sola sombra humana.
—¡Ahora, ¡finalmente puedo ver a Zhou Yixing! —pensó Blanco Xiaoqin con entusiasmo—. Realmente tenemos mucha afinidad.
Al pensar que cada vez que se encontraba con Zhou Yixing siempre obtendría algo de beneficio, Blanco Xiaoqin se emocionó aún más.
"Zhou Yixing, ¡no te escapes! Esta vez no necesito tu arco; solo debes guiarme a estos mil doscientos fantoches. Eres mi estrella de la suerte!" gritó entusiasmado Blanco Xiaoqin.
Ese grito estaba lleno de inmensa felicidad, llegando hasta los oídos de Zhou Yixing, quien casi perdió el control. Se echó hacia atrás y rugió con tristeza: "¡Tú eres mi estrella de la suerte! ¡Tú y toda tu familia lo son!!" Zhou Yixing estaba al límite de su paciencia; Blanco Xiaoqin tenía los ojos muy agudos, reaccionando rápidamente para escapar. Sin embargo, acababa de ser reconocido, especialmente cuando el otro llamó a él estrella de la suerte.
Esa palabra lo hería como una aflicción, y su corazón parecía que iba a romperse. Zhou Yixing había rezado todo ese camino suplicando no encontrarse con Blanco Xiaoqin, pero ¡había vuelto a verlo!
"¡Dios mío! Esta cueva es enorme, aún hay algunos vivos... ¿Por qué? ¿Por qué otra vez me encuentro con este desgraciado de Blanco Xiaoqin!" Zhou Yixing estaba en un estado límite de tristeza. Ese era el tercer encuentro; sentía que su suerte había sido tragicamente mala.
En la primera ocasión, le robaron sus nueve colores de fuego; en la segunda, los once colores de su arco de alma fueron robados. Ahora, en la tercera vez, ese desvergonzado Blanco Xiaoqin tenía mil doscientos fantoches consigo.
Zhou Yixing había visto esos fantoches antes, y solo pensar que los más de mil fantoches estaban detrás de él le daba escalofríos.
"¿Acaso fui un miserable en mi vida anterior??!" gritó Zhou Yixing con tristeza, su cara llena de venas rojas, y con una mirada retorcida, decidido a matar.
"Blanco Xiaoqin, te ayudaré a alejar esos fantoches. ¡Bien! Ahora es tu muerte!" Zhou Yixing apretó los dientes, dándose cuenta de que esto podría ser su oportunidad para derribarlo. Esa era la ayuda más importante para él: los mil doscientos fantoches.
"¡Oportunidad perfecta!" gritó Zhou Yixing con fuerza. Sacó el arco de alma a través del cual había sido purificado nueve veces, y disparó treinta y seis flechas con toda su fuerza.
Treinta y seis disparos lo pusieron al límite, haciendo que Zhou Yixing vomitara sangre, pero seguía insistiendo. Había jurado venganza contra Blanco Xiaoqin.