La escena era intensa, con miles de guardianes espirituales desplegados para proteger a Bai Xiaocun.
Bai Xiaocun se dirigió hacia la casa Miao con determinación. Durante todo el camino, Bai Xiaocun envió mensajes por medio del guancho de jade y sus seguidores discutían entre ellos sobre cuál sería la mejor forma de actuar.
"El clan Miao también ha preparado bien, pero no podemos apresurarnos."
Al final, llegaron a la casa Miao. Los miembros de este clan habían movido sus tesoros y ocultado gran parte de su poder en tribus lejanas.
En el interior, los ancianos del clan Miao discutían estrategias para proteger sus posesiones.
"Debemos ser cautelosos, estos guardianes espirituales son altamente peligrosos." El cabeza de la familia Miao afirmó con una mirada sombría.
En un instante, los guardianes espirituales llegaron y envolvieron a la casa Miao en una emboscada. Bai Xiaocun caminaba al frente, mientras Miao Hǎi lo seguía con una expresión furiosa.
"¡Toma nota de este clan!" gritó Bai Xiaocun.
En el otro extremo del mundo, Zhou Yixing y Li Feng se preparaban para actuar. Con el guancho de jade en la mano, miraron a sus seguidores.
"Tienes que estar listo, ya es hora de moverte."
"¡Estos tesoros son nuestros!" gritó Zhou Yixing, mientras entraba con confianza en una tribu lejana. Li Feng, a su lado, siguió y asesinó a los defensores del clan Miao.
En la tribu, los miembros de la familia Miao lucharon valientemente para proteger sus tesoros. En una tienda, Zhou Yixing encontró lo que buscaba.
"¡Aquí está el tesoro!"
Zhou Yixing entró en la tienda y descubrió que Li Feng estaba detrás de él, listo para asesinarlo.
"¡Zhou Yixing, no!" Li Feng gritó con desesperación antes de caer muerto.
Zhou Yixing lo mató sin piedad y luego se dirigió a su siguiente objetivo. Los demás miembros del clan Miao fueron eliminados por los guardianes espirituales de Bai Xiaocun.
Con todos los tesoros en sus manos, Zhou Yixing regresó con gran orgullo, dejando a Li Feng para que descansara eternamente junto con él.
La siguiente escena mostraba una victoria aplastante para Bai Xiaocun y sus seguidores, quienes habían logrado lo que se propusieron. La ciudad de los Gigantes quedó silente, mientras las fuerzas de Bai Xiaocun controlaban todos los tesoros ocultos.
La ciudad de los Gigantes era suya ahora.