Continuó caminando por el bosque, los rayos de sol atravesaban las copas de los árboles y proyectaban sombras danzantes en el suelo cubierto de hojas secas.
El viento soplaba con un susurro calmante, trayendo consigo el aroma fresco de la naturaleza.
De repente, escuchó un ruido extraño procedente del otro lado del bosque.
Se detuvo y miró hacia atrás, tratando de localizar la fuente exacta del sonido.
Era como el crujir de una hoja seca bajo un pie, seguido por un chirrido leve.
Intrigado, decidió acercarse para investigar.
Mientras se aproximaba, notó que algo brillaba en el suelo.
Se agachó y vio un pequeño objeto metálico oxidado.
Con cuidado lo recogió y notó que parecía ser una moneda antigua.
En la palma de su mano, pudo leer las letras pintadas: "10 CÉNTIMOS".
Ye Ziwen sonrió al recordar los viejos tiempos cuando ese tipo de monedas eran comunes en la vida cotidiana.
Sacudió la moneda para eliminar el polvo y se fijó en que tenía un pequeño agujero en una esquina, probablemente causado por años de exposición al aire libre.
Mientras pensaba, escuchó otro ruido.
Esta vez más claro: un suave crujido procedente del tronco de un árbol.
Giró la cabeza y vio que una pequeña ardilla estaba explorando el área.
La ardilla se dio cuenta de su presencia y comenzó a trepar por el tronco, desapareciendo rápidamente en la copa del árbol.
Ye Ziwen sonrió aliviado, sintiendo que la tensión había disminuido.
Siguió caminando, pero no pudo evitar pensar en las curiosidades que encontraba en cada paso: la moneda y ahora esta ardilla.
Estas pequeñas maravillas de la naturaleza le recordaban a Ye Ziwen lo hermoso que puede ser vivir en el bosque.
Siguió caminando, absorbido por sus pensamientos hasta que divisó una cabaña abandonada entre los árboles.
La estructura parecía resistente y había sido construida con materiales naturales, pero la vegetación estaba creciendo sobre ella, indicando que había estado vacía durante mucho tiempo.
Entró en la cabaña sin vacilar, encontrándose con una sala amplia pero desordenada.
En el centro de la habitación había un fuego apagado y unas cuerdas colgaban del techo, probablemente para secar alguna especie de vegetal o carne.
Ye Ziwen caminó por las estancias, notando que todo estaba cubierto de polvo y abandono.
En el rincón había un espejo doblado en cuatro partes, apoyado contra la pared.
A su lado había varios libros viejos y llenos de polvo.
Sintió una mezcla de curiosidad e interés al observar el lugar.
Se preguntó quién podría haber vivido allí y por qué habían abandonado la cabaña.
Estas preguntas lo llevaron a recordar sus propias experiencias en el pasado, cuando había vivido en un pequeño pueblo del interior.
A medida que exploraba más, notó un mapa colgado en una pared.
El mapa mostraba rutas y lugares en las montañas circundantes, con marcas aparentemente hechas por alguien familiarizado con la región.
Ye Ziwen se detuvo a observar el mapa, sintiendo una conexión con aquellos que habían vivido antes de él.
Estas experiencias y descubrimientos lo sumergían en un sentido de nostalgia y curiosidad que le recordaba constantemente a su propia historia y los lugares por donde había viajado.