"No, no, no! ¡Conde, por favor, no me hagas esto! ¡Por favor, déjame ir!" Gu Qingyan gritó, y sus ojos se llenaron de lágrimas.
El conde Ning Ling sonrió y dijo: "No, no, no. No puedes arrodillarte ante mí, ni siquiera puedes hablarme. ¡Eres una mujer de la corte, no una criada!"
"No, no, no! ¡Conde, por favor, no me hagas esto! ¡Por favor, déjame ir!" Gu Qingyan gritó, y sus ojos se llenaron de lágrimas.
El conde Ning Ling sonrió y dijo: "No, no, no. No puedes arrodillarte ante mí, ni siquiera puedes hablarme. ¡Eres una mujer de la corte, no una criada!"
"No, no, no! ¡Conde, por favor, no me hagas esto! ¡Por favor, déjame ir!" Gu Qingyan gritó, y sus ojos se llenaron de lágrimas.
El conde Ning Ling sonrió y dijo: "No, no, no. No puedes arrodillarte ante mí, ni siquiera puedes hablarme. ¡Eres una mujer de la corte, no una criada!"
"No, no, no! ¡Conde, por favor, no me hagas esto! ¡Por favor, déjame ir!" Gu Qingyan gritó, y sus ojos se llenaron de lágrimas.
El conde Ning Ling sonrió y dijo: "No, no, no. No puedes arrodillarte ante mí, ni siquiera puedes hablarme. ¡Eres una mujer de la corte, no una criada!"
"No, no, no! ¡Conde, por favor, no me hagas esto! ¡Por favor, déjame ir!" Gu Qingyan gritó, y sus ojos se llenaron de lágrimas.
El conde Ning Ling sonrió y dijo: "No, no, no. No puedes arrodillarte ante mí, ni siquiera puedes hablarme. ¡Eres una mujer de la corte, no una criada!"
"No, no, no! ¡Conde, por favor, no me hagas esto! ¡Por favor, déjame ir!" Gu Qingyan gritó, y sus ojos se llenaron de lágrimas.
El conde Ning Ling sonrió y dijo: "No, no, no. No puedes arrodillarte ante mí, ni siquiera puedes hablarme. ¡Eres una mujer de la corte, no una criada!"
"No, no, no! ¡Conde, por favor, no me hagas esto! ¡Por favor, déjame ir!" Gu Qingyan gritó, y sus ojos se llenaron de lágrimas.
El conde Ning Ling sonrió y dijo: "No, no, no. No puedes arrodillarte ante mí, ni siquiera puedes hablarme. ¡Eres una mujer de la corte, no una criada!"
"No, no, no! ¡Conde, por favor, no me hagas esto! ¡Por favor, déjame ir!" Gu Qingyan gritó, y sus ojos se llenaron de lágrimas.
El conde Ning Ling sonrió y dijo: "No, no, no. No puedes arrodillarte ante mí, ni siquiera puedes hablarme. ¡Eres una mujer de la corte, no una criada!"
"No, no, no! ¡Conde, por favor, no me hagas esto! ¡Por favor, déjame ir!" Gu Qingyan gritó, y sus ojos se llenaron de lágrimas.
El conde Ning Ling sonrió y dijo: "No, no, no. No puedes arrodillarte ante mí, ni siquiera puedes hablarme. ¡Eres una mujer de la corte, no una criada!"
"No, no, no! ¡Conde, por favor, no me hagas esto! ¡Por favor, déjame ir!" Gu Qing