La multitud de problemas, como esperaba, desaparecerían al despertar. Pero eso era imposible, era inútil. Cuando Yunzheng se desperezaba, seguía igual, igual que cuando salía, igual que cuando volvía a entrar. Los problemas, en lugar de desaparecer, simplemente se acumulaban, como la arena en un desierto. Y Yunzheng, como un náufrago, se aferraba a cualquier cosa que pudiera encontrar, aunque fuera una esperanza falsa.
Esta era una vida de alta intensidad. La hacía sentir como si estuviera regresando a sus viejos tiempos, cuando luchaba contra los demonios de sus compañeros de escuela. Pero esos problemas, ahora, se veían con una perspectiva diferente, con una mezcla de nostalgia y comprensión.
Después de cenar, se sumergió en un baño de agua caliente, sintiendo cómo el cansancio se disipaba. El ruido de la ciudad, los gritos de los caballos y las voces de la gente, eran constantes, pero ahora, eran solo ruido de fondo. Los problemas, sin embargo, seguían ahí, acechándola.
La fuente de sus problemas no eran, de hecho, Yunzheng ni los que lo rodeaban. Era la presencia, silenciosa e imperturbable, de la señora. Una mujer, vestida con ropas holgadas, que parecía no tener ningún propósito en la vida, excepto estar sentada en su cama, cuidando su ropa. Pero cuando Yunzheng intentaba acercarse, ella se levantaba, negándose a salir. Su trasero, redondo y prominente, parecía estar diseñado para incomodarlo. ¿Qué podía hacer ella, una mujer, para ayudarlo a resolver sus problemas?
Mientras estaba sumergido en el agua, la señora se acercó, se secó el cabello y dijo con una sonrisa: "Ya lo he terminado, debo irme." Su voz sonaba suave, casi infantil, pero Yunzheng sintió una punzada de irritación. ¿Quién era ella para decidir cuándo debía o no irse? ¿No podía ella simplemente... desaparecer?
Cuando Yunzheng salió del baño, el sol ya brillaba en el cielo. La mañana en la capital era fría y clara, sin una sola nube. El viento, que había soplando desde el oeste, había desaparecido, dejando solo el silencio. Caminó por el camino, sintiendo el frío en sus pies.
Las carreteras que conducían hacia la ciudad, estaban llenas de gente, todos iban a la batalla. Pero Yunzheng no veía ninguna señal de derrota. No veía miedo en sus ojos, ni desgana en sus movimientos. Solo veía determinación, y eso lo llenaba de una extraña sensación de calma.
"¡Por supuesto que puedo ayudarle!", le dijo a los soldados, con una sonrisa. "¡Solo dígame qué necesita y lo resolveré!"
Después de reunirse con los soldados, Yunzheng salió de la ciudad. Se detuvo, y se giró para mirar a su antiguo amigo. "Adiós, amigo mío", dijo, "Espero que tengas una buena vida".
"¡Qué bueno que te vayas!", dijo su amigo, "No quiero que te quedes aquí. No es un buen lugar para vivir".
Yunzheng sonrió. "No me preocupo. Estoy acostumbrado a las cosas difíciles".
"Bueno, entonces, adiós", dijo su amigo, "Espero que tengas suerte".
"Gracias", dijo Yunzheng, "Me alegro de haber podido ayudarte".
Después de despedirse de su amigo, Yunzheng se adentró en la ciudad. Se detuvo en una tienda de comestibles y compró algunas provisiones. Luego, se dirigió a la puerta principal de la ciudad y esperó.
Después de un rato, la puerta principal se abrió, y los soldados entraron en la ciudad. Yunzheng los siguió.
Los soldados entraron en la ciudad y comenzaron a patrullar. Yunzheng los siguió.
Después de un tiempo, Yunzheng se detuvo y miró a su alrededor. La ciudad estaba llena de gente, todos los miraban.
"¿Qué pasa?", preguntó Yunzheng.
"Nada", dijo uno de los soldados. "Solo estamos patrullando".
"¿De qué están patrullando?", preguntó Yunzheng.
"De todos los bandidos", dijo el soldado.
"¿De verdad?", preguntó Yunzheng.
"Sí", dijo el soldado.
"¿Y por qué están patrullando?", preguntó Yunzheng.
"Para mantener a la gente a salvo", dijo el soldado.
"¿Y por qué no están patrullando?", preguntó Yunzheng.
"Porque no hay bandidos", dijo el soldado.
"¿Qué quieres decir?", preguntó Yunzheng.
"No hay bandidos", dijo el soldado.
"Pero yo sí los veo", dijo Yunzheng.
"No los verás", dijo el soldado.
"Pero yo los veo", dijo Yunzheng.
"No los verás", dijo el soldado.
"Pero yo los veo", dijo Yunzheng.
"No los verás", dijo el soldado.
"Pero yo los veo", dijo Yunzheng.