Después de que la abuela y la señora Wang se sintieron aliviadas, Jia Zheng y Jia Yu regresaron a casa. Cuando llegaron, vieron que había mucha gente afuera. "El decreto dice que el cargo del marqués Rong ha sido transferido a Jia Zheng". La gente gritaba y discutía, y decían: "El cargo debe ser nuestro. ¿Cómo podemos aceptar un decreto?". La gente decía: "El cargo es una gran honor, y no podemos aceptarlo. El emperador ha otorgado el cargo a Jia Yu, y ahora debemos aceptar". Mientras la gente estaba discutiendo, Jia Zheng regresó a casa. La puerta estaba abierta, y los familiares y amigos lo recibieron. Jia Zheng estaba muy emocionado, pero también estaba preocupado. Vio a su hermano y a Jia Yu, y se arrodilló y les agradeció. Jia Yu también se arrodilló y agradeció a Jia Zheng. La abuela y la señora Wang también se arrodillaron y les agradecieron a Jia Zheng y a Jia Yu. Pero la señora Xu y la señora Ye estaban muy tristes, y no podían mostrarlo.
Mientras tanto, la familia Jia estaba tratando de adaptarse a la nueva situación. Jia Zheng estaba muy preocupado por el futuro, y no sabía cómo administrar la familia. Los familiares y amigos de Jia, también estaban preocupados por el futuro. Algunos de ellos se fueron a vivir, y otros se fueron a trabajar. Algunos de ellos fueron despedidos. La familia Jia, estaba luchando por sobrevivir.
La familia Jia, notó la sinceridad de Jia Zheng, y la señorita Feng no podía cuidar de la familia, así que Jia Zheng la envió a trabajar en casa. La esposa de Jia Lian también se fue a trabajar, y la familia Jia, se volvió más próspera.
La familia Jia, notó la honestidad de Jia Zheng, y la señorita Feng, estaba muy enferma, así que Jia Zheng la envió a descansar, y le dio un buen cuidado.