En el momento en que Ye Ziwen se encontraba a punto de desmoronarse completamente, escuchó una ligera risa proveniente de Hu Jihai.
"Prefiero que no me engañes. Si ocurre algo peor, no quiero ni imaginarme lo que pasará. Y sobre todo, no debe ocurrir de nuevo. Tenlo bien en cuenta."
Ye Ziwen asintió frenéticamente: "Lo recordaré, realmente lo recordaré." Su respuesta temblaba de alivio, pero su nerviosismo permanecía intenso.
Hu Jihai observó a Ye Ziwen con desprecio. No comprendía por qué su hijo se habría fijado en una mujer tan débil y sin valentía; aunque tenía ambiciones, carecía de elocuencia y caminaba por sendas incorrectas.
Si hubiera sabido al principio que su hijo había elegido a esta mujer, le habría dado una severa paliza para enseñarle la realidad. Pero ahora que Hu Yayuan ya se había involucrado profundamente, hablar más no serviría de nada. Sólo podía presionar a Ye Ziwen para que se mantuviera bajo control y permitirles avanzar naturalmente.
Hu Jihai abrió la puerta principal del chalet, indicando a Ye Ziwen que entrara directamente.
"Te pediré disculpas por alojarte aquí esta noche. Mañana, naturalmente, te llevarán a casa." Hu Jihai dijo fríamente y luego se dio la vuelta, abandonando el lugar.
El sonido de la puerta de acero al cerrarse sacó Ye Ziwen de sus pensamientos.
Ye Ziwen entró en la sala del chalet con un aspecto desaliñado, sentándose lentamente en el sofá. Tomó el almohadón que había sobre este y lo abrazó instintivamente, buscando algo de consuelo.
La oscuridad se iba aclarando gradualmente; antes de que pasara mucho tiempo, un fuerte viento comenzó a soplar con fuerza, seguido por relámpagos y truenos. Parecía una señal del comienzo de una tormenta severa.
Miró su teléfono móvil, descubriendo que no había ningún servicio aquí. La soledad e inseguridad se abrumaron sobre ella.
De repente, la luz del chalet se apagó por completo.
Quizás el sistema eléctrico se había vuelto inestable debido a la tormenta, pensó Ye Ziwen en estado de letargia.
Pronto, un fuerte aguacero comenzó a caer. Ye Ziwen se acercó a la ventana y, aprovechando la tenue luz del teléfono móvil, se sentó a su lado, escuchando el sonido crujiente de las gotas golpeando contra el suelo.
La lluvia le recordaba que no estaba sola en esta inmensa oscuridad.
Las imágenes de Huir Jihai se repetían una y otra vez en su mente: la humillación de ver su orgullo pisoteado, junto con la soledad y desamparo que ahora sentía. Las lágrimas resbalaban lentamente por sus mejillas.
La vergüenza de Huir Jihai se extendía como las lluvias fuertes en su interior. Un día, ella sería capaz de humillar a todos esos que la menospreciaron y ofendieron; con una mirada fría e implacable, apretó los dientes.
Esa noche no logró conciliar el sueño.
Todo el tiempo, Ye Ziwen escuchaba el sonido de la tormenta. No podía cerrar los ojos, como si estuviera escapando de un pesadilla. El viento parecía soplar directamente a su corazón, abriendo una herida gigante en él.