Salieron del porche y entraron en la oscuridad que envolvía la noche. Un fresco viento de la brisa se colaba en el rostro de Zhang Jun, frigidamente como agua helada. Al recordar a Xiaolin morir con un expresión tan miserable de dolor, no podía olvidarlo.
Esta imagen siempre flotaba en su mente, imposible de borrar, dejando una sombra pesada sobre su corazón. Zhang Jun caminó lentamente hacia el vehículo, cerró la puerta y finalmente se desplomó lloroso frente al volante después de un largo momento.
Pasados unos minutos, el vehículo arrancó silenciosamente, liberando un hilo de humo que se integraba en la oscuridad densa de la noche.
Como si estuviera perdido, Zhang Jun regresó a su hogar. No tenía ninguna idea de cómo había llegado allí. Sintió que esta noche sería insomne.
Entonces, tomó una pastilla para el sueño y se tumbó en su cama. No quería pasar toda la noche inquieto y despierto por esto; mañana tendría un montón de trabajo que hacer y no podía permitirse estar aún sumido en la conmoción de lo que había pasado aquella noche.
La mañana siguiente.
Xia An y Lu Qichen ya habían llamado a la policía. Esa misma tarde, se escuchaban sirenas en el edificio donde vivía Xiaolin.
Los policías rastrearon hasta el apartamento de Xiaolin durante toda la noche. Aquella mañana temprano habían llegado para arrestar al asesino que era Xiaolin.
La gente del vecindario, oíendo las sirenas, se agrupaba en grupos discutiendo entre sí.
—¿Será que vivimos aquí algún delincuente? —preguntó una señora temblorosamente mientras apretaba sus manos contra su pecho.
—¡Posible! Rara vez ven policías por aquí y hoy está haciendo tanto ruido, no es un caso pequeño.
Alguien comentó que el vecindario era viejo y a menudo había incidentes de robos o asaltos, pero nunca nada tan grande como ahora, con tanta gente agitada.
Una persona curiosa se acercó a los policías: —¿Policía amigo, ¿qué ha pasado aquí?
Los policías estaban ocupados, apresurándose para subir y arrestar al sospechoso. No tuvieron tiempo ni ganas de conversaciones y siguieron su camino sin prestarles atención.
Unas voces en el corredor indicaron que los policías llegaron a la puerta del apartamento de Xiaolin. Uno de ellos tocó tímidamente, pero no hubo respuesta durante largo rato. El ambiente se tensó.
¿Será que la operación se había filtrado y el sospechoso se había dado cuenta y huido?
Estas preguntas surcaron los pensamientos de los policías.
Finalmente, uno de ellos giró hacia sus compañeros con una mirada seria y decidido a irrumpir. Se acercó al apartamento y abrió la puerta con un empujón firme.
Los policías entraron en fila y vieron algo que los dejó perplejos: el sospechoso estaba tumbado inmóvil en el suelo. Tuvieron mala presagio — ¿sería posible que el sospechoso estuviera muerto?
El policía al frente se agachó y comprobó las señales vitales del sospechoso. Tras un rato, sacudió la cabeza ante sus compañeros.