Epílogo
¿Existe una moral universal en el cosmos? Si se piensa de forma más pequeña, es un tema que fascina a los entusiastas del ciencia ficción; si se considera de manera más grande, podría tener consecuencias para la supervivencia misma de la civilización humana.
Los escritores de ciencia ficción chinos durante la década de 1980 estaban convencidos de que sí. En sus historias, los alienígenas generalmente aparecían como amables y benéficos, guiando a la humanidad con una paciencia paternal. En "La isla de la luna", de Jin Tao, los extraterrestres alivian el dolor emocional humano; en "Lejos del amor" de Tong Nanzheng, hay un amor entre humanos y alienígenas que es hermoso e inmenso; mientras que en "Espejo de la Tierra", de Zheng Wenguang, la moral humana baja a tal punto que los extraterrestres bondadosos, aunque superiores tecnológicamente, se asustan y se marchan!
Sin embargo, la afirmación de que "el ser humano es bueno desde el principio" no puede sostenerse en el mundo real, mucho menos en todo el universo.
Para responder a la pregunta sobre la moral del cosmos, solo una forma de pensamiento racional científico podría convencer a las personas. Podemos pensar naturalmente en comparar los sistemas civiles en evolución a través de diferentes civilizaciones humanas con los sistemas grandes de civilización en el universo. Sin embargo, el estudio de la primera es sumamente complicado, ya que hay demasiados factores cuantitativamente indeterminables entrelazados. Por contraste, el estudio de las relaciones entre las diversas civilizaciones del cosmos podría ser más cuantitativo y matemático, dado que la gran distancia interestelar hace que cada civilización aparezca como un punto. Es como ver un partido de fútbol desde la última fila en un estadio: las complejas acciones técnicas de los jugadores se pierden por la distancia, solo quedan veinticuatro puntos (un punto especial es la pelota; el balompié es el único deporte que muestra una estructura matemática tan clara, lo cual podría ser uno de sus atractivos). En ese período, me atrapé en un juego de pensamiento sobre civilizaciones apuntadas del universo y pasaba horas creando software innecesariamente aburrido pero interesante para pasar el tiempo. El poeta electrónico que ahora vuelve a estar de moda es una obra de esa época.
Durante ese período, también desarrollé un programa de simulación que mostraba el estado general del sistema de civilizaciones apuntadas en el universo. Simplemente representé las inteligencias extraterrestres como puntos, cada uno con solo doce parámetros simples para describir sus características básicas, y luego establecí una enorme cantidad de civilizaciones en el software, simularon su evolución general. Consulté a un erudito respetable, experto en la teoría del sistema eléctrico, que era muy hábil en modelización pedagógica; aunque no era un entusiasta de la ciencia ficción, si lo era como aficionado, me ayudó a corregir mi modelo lleno de errores. El programa, desarrollado con el lenguaje TUBOC, se ejecutaba durante varias horas en una PC XT286 y mostraba resultados interesantes.
Eran solo un ingeniero sin capacidad para realizar investigaciones de tal nivel, pero la idea era solo jugar con la ciencia ficción. Sin embargo, desde una perspectiva científica, los hallazgos no tenían mucho significado; pero desde el punto de vista de la ciencia ficción eran enormemente valiosos. Pues las imágenes de la evolución de civilizaciones apuntadas del universo que mostraban esos resultados, si estaban equivocados, eran tan inverosímiles como para ser casi imposibles de inventar.