"Bueno, entonces, ¡vamos!", dijo la señora Zheng. "Pero antes de comenzar, necesito preguntarte una cosa. ¿Estás dispuesta a seguir mis reglas?"
"Por supuesto", dijo Ming Lan.
"Bien, entonces, ¡empecemos!", dijo la señora Zheng.
La señora Zheng comenzó a dar instrucciones a las niñas. Ming Lan observaba atentamente, y pronto se dio cuenta de que la señora Zheng era una maestra muy talentosa. Sus métodos de enseñanza eran innovadores y efectivos, y las niñas respondían muy bien.
A medida que pasaba el tiempo, Ming Lan se sintió cada vez más atraída por la señora Zheng. Vio que la señora Zheng era una mujer sabia y sabia, y que tenía una gran capacidad de enseñanza.
"¿Qué es esto?", preguntó Ming Lan.
La señora Zheng sonrió y dijo: "Esto es un libro de cocina. Es un libro que he escrito para mis hijas".
"¡Qué interesante!", dijo Ming Lan. "Por favor, dame una copia".
"Claro", dijo la señora Zheng. "Pero antes de eso, tengo que preguntarte una cosa. ¿Estás dispuesta a seguir mis reglas?"
"Por supuesto", dijo Ming Lan.
"Bien, entonces, ¡empecemos!", dijo la señora Zheng.
La señora Zheng comenzó a explicar las reglas de la cocina a Ming Lan. La señora Zheng dijo que había aprendido muchas cosas de la vida, y que la vida es como un jardín, hay cosas que pueden ser plantadas y cuidados, y hay cosas que no pueden ser plantadas y cuidados.
Ming Lan escuchó atentamente, y al instante se dio cuenta de que la señora Zheng estaba hablando de su propia experiencia.
"¿Qué quieres decir?", preguntó Ming Lan.
La señora Zheng sonrió y dijo: "Quiero decir que cada persona tiene su propio destino. No importa lo que hagas, no puedes cambiarlo. Lo mejor que puedes hacer es aceptar tu destino y vivir una vida feliz".
Ming Lan reflexionó sobre las palabras de la señora Zheng. Se dio cuenta de que la señora Zheng tenía razón. No importa lo que hiciera, no podía cambiar su destino. Lo mejor que podía hacer era aceptar su destino y vivir una vida feliz.
"Estoy de acuerdo", dijo Ming Lan.
"Bien", dijo la señora Zheng. "Entonces, vamos a empezar a cocinar".
La señora Zheng comenzó a enseñar a Ming Lan a cocinar. Ming Lan escuchaba atentamente, y pronto aprendió a cocinar varios platos deliciosos.
Cuando Ming Lan se marchó, ya no era la persona frágil y desorientada. Había encontrado un nuevo propósito en la vida, y estaba dispuesta a luchar por ello.
Al llegar a casa, Ming Lan se encontró con que sus hijos la estaban esperando. Al verla, la abrazaron y la besaron.
"¡Mamá!", gritaron.
"¡Mamá!", gritaron.
Ming Lan sonrió y abrazó a sus hijos. Estaba feliz de estar de vuelta en casa, con sus hijos.
Al llegar a casa, Ming Lan se encontró con que sus padres la estaban esperando. Al verla, la abrazaron y la besaron.
"¡Estamos tan contentos de verte!", gritaron.
"¡También estamos contentos de verte!", dijo Ming Lan.
Ming Lan se sentó a la mesa y comenzó a comer. Comió mucho, y al final, estaba llena.
"¡Mamá, esto es muy delicioso!", dijo su hijo.
"Sí, mamá", dijo su otra hija.
Ming Lan sonrió y dijo: "Gracias, mis queridos".
Después de la cena, Ming Lan se sentó con sus padres y habló sobre sus experiencias.
"Mamá, ¿qué te pareció la casa de la señora Zheng?", preguntó su hijo.
"La señora Zheng es una persona muy buena", dijo Ming Lan. "Es una maestra muy talentosa, y me ha enseñado mucho".
"Sí, mamá", dijo su otra hija. "La señora Zheng es muy divertida".
"Estoy de acuerdo", dijo Ming Lan. "Y también creo que la señora Zheng es una buena persona".
Después de la cena, Ming Lan se despidió de sus padres y regresó a casa.
Al llegar a casa, Ming Lan se encontró con que Dan Gui ya la estaba esperando.
"¡Ming Lan!", gritó Dan Gui.
"¡Dan Gui!", gritó Ming Lan.
Ming Lan se abrazó a Dan Gui y la besó.
"¡Estoy muy feliz de verte!", gritó Dan Gui.
"¡Yo también estoy muy feliz de verte!", gritó Ming Lan.
Ming Lan y Dan Gui se abrazaron y se besaron durante mucho tiempo.
Cuando se separaron, Ming Lan dijo: "Gracias por venir a casa, Dan Gui".
"No hay de qué", dijo Dan Gui. "Me alegro de haber podido verte".
Después de la visita, Ming Lan regresó a casa. Al llegar, se encontró con que sus hijos ya la estaban esperando. Al verla, la abrazaron y la besaron.