"¡Mamá!", gritaron.
"¡Mamá!", gritaron.
Ming Lan sonrió y abrazó a sus hijos. Estaba feliz de estar de vuelta en casa, con sus hijos.
Al llegar a casa, Ming Lan se encontró con que sus padres ya la estaban esperando. Al verla, la abrazaron y la besaron.
"¡Estamos tan contentos de verte!", gritaron.
"¡También estamos contentos de verte!", dijo Ming Lan.
Ming Lan se sentó a la mesa y comenzó a comer. Comió mucho, y al final, estaba llena.
"¡Mamá, esto es muy delicioso!", dijo su hijo.
"Sí, mamá", dijo su otra hija.
Ming Lan sonrió y dijo: "Gracias, mis queridos".
Después de la cena, Ming Lan se sentó con sus padres y habló sobre sus experiencias.
"Mamá, ¿qué te pareció la casa de la señora Zheng?", preguntó su hijo.
"La señora Zheng es una persona muy buena", dijo Ming Lan. "Es una maestra muy talentosa, y me ha enseñado mucho".
"Sí, mamá", dijo su otra hija. "La señora Zheng es muy divertida".
"Estoy de acuerdo", dijo Ming Lan. "Y también creo que la señora Zheng es una buena persona".
Después de la cena, Ming Lan se despidió de sus padres y se acostó. Se sintió muy cansada, pero también muy feliz.
Mientras dormía, Ming Lan pensó en todo lo que había aprendido. Había aprendido mucho sobre la vida, y estaba lista para afrontar cualquier cosa que se le presentara.
Al despertar, Ming Lan sintió que se sentía nueva. Estaba llena de energía, y estaba lista para afrontar el día.
Mientras Ming Lan estaba en la casa de la señora Zheng, había aprendido mucho sobre la vida. Había aprendido que la vida no siempre es fácil, pero que siempre hay esperanza. Había aprendido que la felicidad no siempre está en las cosas materiales, sino en las relaciones que tenemos con los demás.
Y lo más importante, había aprendido que cada persona tiene su propio destino. No importa lo que hagas, no puedes cambiarlo. Lo mejor que puedes hacer es aceptar tu destino y vivir una vida feliz.Las mujeres de la familia Gu, en su mayoría, habían establecido amistades, ya sean profundas o superficiales, con la señora. Después de décadas, ¿cómo podría una recién llegada, como la sobrina, ascender al estatus de la señora? Era comprensible que muchas personas sintieran celos y resentimiento. ¿Cómo podía ganarse la confianza y el respeto de los demás si ella era una forastera?
Además, la señora no había expresado ninguna objeción. Simplemente, con una expresión de desdén, podía generar simpatía. Y si añadía algunos detalles sobre los asuntos familiares, era aún más fácil sembrar la confusión.
La realidad era innegable. ¿Cómo podía Minglan refutar eso? Como la cuñada, era la mayor, y argumentar en privado solo la haría parecer impaciente e irrespetuosa. Pero no podía simplemente ignorarlo, porque eso la llevaría a un desastre.
Por lo tanto, la situación era delicada.
En lugar de intentar cerrar las brechas, era mejor buscar una nueva estrategia. Minglan había estado pensando en ello durante semanas, y finalmente, se le ocurrió una idea: contactar a la señora Zheng. Pero no podía simplemente aparecer y hablar con ella, porque eso parecería premeditado y artificial. Tenía que esperar a que surgiera una oportunidad.
Primero, la señora Zheng era una mujer de buena cuna, con una familia y una posición respetada. Segundo, su reputación era impecable en toda la capital. Tercero, era una mujer reservada y poco propensa a las charlas triviales, por lo que sería difícil encontrar a alguien con quien pudiera establecer una amistad genuina. Si la señora Zheng reconocía su valor, Minglan tendría una ventaja significativa.
Lo más importante era que ambas familias tenían intereses comunes. La señora Zheng era inteligente y conocía bien los asuntos de la familia Gu. Con su red de contactos, podría obtener información valiosa.
Después de esta primera victoria, Minglan sintió una gran tranquilidad. No todo se trataba de decir palabras bonitas o de establecer relaciones superficiales. También se trataba de construir una red de contactos sólida y confiable. Con el tiempo, tendría su propio círculo, y tendría más amigos que la apoyaran.
"¿No me presentarán a las personas importantes?" Minglan pensó. "No importa. Yo mismo encontraré mi camino".
El carruaje se balanceaba suavemente. Minglan cerró los ojos, a punto de quedarse dormida.
Justo antes de dormirse, tuvo una idea. "Soy solo una chica que le encanta dormir. No entiendo por qué me pagan