En la cima de la montaña Reto, el sol se ponía.
Una pequeña plataforma de tierra, construida hace casi cuarenta años, se había desmoronado en un rincón, y una pequeña grieta se había formado. En un instante, una luz brillante emanó, como un Buda de barro que se había roto, revelando una figura dorada y brillante. Además de la plataforma, un monje anciano, sentado en posición de loto, vestido con una túnica desgarrada, también estaba allí. Ya era muy viejo, con las cejas blancas y la frente arrugada, y al moverse, dejó una huella en la tierra. El sol y el viento lo habían hecho pálido y arrugado, como un campo seco. Cuando vio que la plataforma se estaba derrumbando, el polvo cayó, y aunque era solo una pequeña cantidad, parecía un trueno que resonaba en sus oídos. Sus largos y finos bigotes se movieron de forma caótica, y su cuerpo se quedó inmóvil. Como el monje venerado de Reto, conocido por nunca decir una palabra inútil, había estado esperando durante más de veinte años, y ahora, al ver la plataforma, pareció un trueno. Los monjes de Reto, que nunca habían hablado en toda su vida, al ver que su poder estaba en juego, no podían evitar sentirse incómodos.
"¡Ya está!", pensó el monje de Reto. "¡Es hora de que la gente deje de andar".
El monje de Reto, que tenía más de cien años, se levantó lentamente. Al ver la plataforma, y al ver que el polvo caía, su rostro se contrajo.
"¡El Buda!", dijo el monje de Reto. "¡Es hora de que todos sean Buda!".
El monje de Reto, que tenía más de cien años, dijo esto, y extendió su mano para tocarse la frente. Una luz brillante emanó, y la plataforma se iluminó.
El monje de Reto, que tenía más de cien años, se quedó en silencio.
"¡El Buda!", dijo el monje de Reto. "¡Es hora de que todos sean Buda!".
El monje de Reto, que tenía más de cien años, dijo esto, y extendió su mano para tocarse la frente. Una luz brillante emanó, y la plataforma se iluminó.
El monje de Reto, que tenía más de cien años, se quedó en silencio.
"¡El Buda!", dijo el monje de Reto. "¡Es hora de que todos sean Buda!".
El monje de Reto, que tenía más de cien años, dijo esto, y extendió su mano para tocarse la frente. Una luz brillante emanó, y la plataforma se iluminó.
El monje de Reto, que tenía más de cien años, se quedó en silencio.
"¡El Buda!", dijo el monje de Reto. "¡Es hora de que todos sean Buda!".
El monje de Reto, que tenía más de cien años, dijo esto, y extendió su mano para tocarse la frente. Una luz brillante emanó, y la plataforma se iluminó.
El monje de Reto, que tenía más de cien años, se quedó en silencio.
"¡El Buda!", dijo el monje de Reto. "¡Es hora de que todos sean Buda!".
El monje de Reto, que tenía más de cien años, dijo esto, y extendió su mano para tocarse la frente. Una luz brillante emanó, y la plataforma se iluminó.